Abil Peralta para Jean Girigori

INSIGNIAS DE PODER:
ESTATUTO SIMBOLICO Y RITUAL
EN LAS PINTURAS DE JEAN GIRIGORI

Por: Abil Peralta Agüero. aica*

“Tener acceso a una obra de Jean Girigori, es tener a la mano todo el Caribe”.
Frank Marino Hernández**

LA ARTISTA/PERSONALIDAD CREADORA

No es posible establecer un constructo teórico sobre la producción pictórica de la artista curazoleña Jean Girigori, sino se exploran las dramáticas fuentes históricas y sociales de su origen mágico y fantástico, tan próximo a las propuestas teóricas de Alejo Carpentier sobre la dominancia del realismo mágico como substratum estético del arte caribeño; que relacionadas a su vida artística y personal, bien parecen fragmentos fantásticos de un texto novelado y no segmentos de una latente realidad personal, emocional y espiritual que trazó el rumbo que la guiaría por los senderos de gran artista que transita hoy como testigo de los sucesos estéticos más vivos del arte moderno y contemporáneo de América Latina y el Caribe.1

De padre curazoleño, Hilario Steve, y madre dominicana, Altagracia Oliva, la pintora Jean Girigori (1948), nació en alta mar, en una frágil barca construida por su padre para embarcarse en un viaje cuya ruta sería Curazao-Santo Domingo, con el propósito de instalarse en la capital dominicana en calidad de inmigrantes.
La angustia, el drama y el dolor revelados que percibimos en la feérica gestualidad pictórica de Jean Girigori, no son ajenos a su origen mágico y desgarrante, clavado a golpes de martillo en su historia artística y personal desde el momento mismo en que a la edad de 1 2 3 4 5 años fue violada sexualmente, dejando desde entonces en su memoria una escritura de dolor marcada como estigma místico y creador en la hondura de su cuerpo y de su alma.2
Para comprender los alcances de nuestra reflexión, basta leer algunos de los textos que como testimonio filosófico-existencial ha escrito la artista, como respuesta interior al temblor de su mirada creadora revelada en una obra poderosa, furtiva e indulgente a la vez.

“Quiero decir, que desde mi nacimiento estaba escrito en las estrellas para mí, que yo tendría que vivir mi vida conscientemente; y viviendo heridas conscientemente. Realmente esto hiere, pero sé que vendrá un momento grande…” 3. Es como si desde su propia niñez, la artista hubiese escuchado el aliento filosófico de Nietzsche cuando en “Así hablaba Zarathustra” nos dice como en forma dialogante con la pintora: “Hermano, detrás de tus pensamientos y sentimientos se encuentra un poderoso soberano, un sabio desconocido que se llama yo mismo” 4. Es ese “yo” místico el que vemos y sentimos como vibra en cada una de las telas que nos ha venido presentando Jean Girigori a lo largo de su exitosa y fecunda carrera profesional.
Esa afirmación del “yo interior”, el lector-espectador la sentirá siempre en su arte, porque ella a cada tela le imprime esa “seguridad insolente” de que nos habla el propio Nietzsche, porque ciertamente el artista debe transmitir en su obra seguridad y pasión; nada humilde, porque la humildad personal jamás debe ser motivo para ceder en la integridad de lo creado.

Su vínculo con el arte parecía ser un acto premonitorio, un ministerio, un mandato sagrado, por lo que desde muy corta edad, y como parte de su casi inexplicable andar por los mares y tierras del Caribe, se establece en Haití donde vive durante 13 años, y donde conoce y se integra al taller del famoso pintor y escritor haitiano Paul Georges Héctor, con quien trabaja durante varios años y con quien posteriormente establece una corta relación matrimonial. 5

Las pinturas que crea desde su conciencia interior Jean Girigori, son auténticas insignias de poder, normadas dentro de una organización de estímulos perceptivos que revelan el contenido de un gabinete expresivo de gran diversidad estilística y conceptual en su pictorialidad, en capacidad de conferirle el grado de Maestra a una de las creadoras de mayor principalía en la pintura moderna del Caribe.
Como si alguna vez su mente hubiese sido receptora del pensamiento filosófico y existencial del inmenso pintor austríaco Egon Schiele, cuando lapidariamente escribió: “Seré el fruto que tras su descomposición dejará tras de sí seres eternos” 6, Jean Girigori asumió el oficio del arte como un mandamiento ritual, como un acto de compromiso con la vida, con la raíz, con sus sueños y con los sueños de millones de niñas sin pan y sin hogar que hoy deambulan por las calles de América Latina, África y el Caribe; y también como un acto de compromiso con los sueños de millones de mujeres a las que les ha estado prohibido el don de la palabra, ya sean estas caribeñas, latinoamericanas, norteamericanas, europeas, afganas o africanas. Como metáfora de una poética rebelde y viva, todas ellas están ahí, latiendo cada segundo en sus telas, reveladas en la imponente y seductora belleza de su arte.
Es la razón por lo que cada una de sus pinturas es un impulso dramático interior 7, un acto inédito de su ser, porque ella, su vida y su amorosa solidaridad están depositados como golpe mágico que alumbra en cada tela y en cada espacio donde el sudor, sus lagrimas o su propia sangre están materializados alquímicamente como pigmentos pictoriales que a través de su imaginación encuentran en su discurso una estructura semántica para la palabra en nombre de todos: caribeños negros, caribeños blancos, caribeños mestizos, caribeños mulatos, caribeños todos y caribeños nada, porque la inmensidad del ser es el todo, y el todo es sencillamente nada, porque la nada es el absoluto: DIOS.

La pintura de Jean Girigori está fundada estilísticamente en una arquitectura interior estructurada en el color, concediéndole siempre al trazo fuerte, una sensación de libertad y autonomía que trasciende la realidad; acentuando así su expresión rítmica y la sintaxis estructural de su obra, siempre próxima a la mejor tradición expresionista norteamericana, sin obviar en su visualización y plasticidad las propuestas constructivas que crea a la manera de estructuras fotogramáticas que le permiten exponer el enigma del tiempo en el ritmo y movimiento de las escenas que definen el contenido emocional de sus telas.
Sus niñas, las niñas que pueblan a una representativa parte de su producción pictórica: esas niñas hormigas, como ella nombra a las criaturas vírgenes de su arte, han alcanzado en su pintura la estatura de auténticos iconos de la caribeñaidad moderna y contemporánea. Desde ya, forman parte del repertorio estético e iconográfico de la cultura visual del Caribe contemporáneo; y así debe ser suscrito por la mirada crítica no programática, por la nueva mirada de la historia del arte y la cultura sobre nuestras tierras, perversamente nombradas culturalmente como periferia por los culturólogos que apuestan a la globalización salvaje del pensamiento político, económico, social y cultural, pacientemente diseñado en los laboratorios de la intelligentzia de Norteamérica y Occidente.
La caracterización perceptual que vemos durante una lectura desconstructiva del discurso visual que define las propuestas figurales expresionistas de Girigori, propone pinturas creadas a partir de una serie de imágenes vinculantes y símbolos sumarios en los que prevalece la mujer, extendida hacia la iconografía de la mujer-niña-labios rojos, en la que se conjuga una metafórica expresión de angustia y sensualidad gestual, y una especie de espanto e inocencia, expresados a partir de un mimetismo no dominado por el silencio, aunque sin llegar a los límites de la agresión visual, situándose dentro de los parámetros lingüísticos de un discurso que transita entre la resistencia y la provocación; proyectado conceptual y estructuralmente dentro de un estatuto simbólico enriquecido plásticamente por una serie de ornamentos áureos que provocan en el espectador una pasional delectación perceptual; creando en el que mira su arte una atención mágica y una atracción que se traduce en una especie de psicologísmo magnético de un gran valor sígnico en su relación comunicacional con quien contempla su obra.

NEOHUMANISMO MILITANTE

Esas imágenes, nacidas desde las esferas del poder intuitivo del que nos habla la artista como parte de sus modos de aprehensión de la realidad, de su realidad, tanto infantil como adulta-social-antropológica y cultural del Caribe, aparecen expresadas en su obra desde los códigos de un nacionalismo negro, filosóficamente traducido a la categoría de neohumanismo militante y testimonial, que desde su formulacion más elemental, niega todo vínculo con la estética patológica, para en cambio aproximarse a postulaciones teológicas cercanas al rastafarismo 8 como discurso de resistencia y fe que afirma la esperanza y la pasión por la perpetuidad de la negritud como una expresión noble del ser colectivo universal.
Las multitudes, juguetes infantiles, juegos populares, peces, aves, arquitectura popular, rostros, montañas o el mar que pinta Jean Girigori en la lisura de sus telas, no son una hipótesis basada en una axiología de la razón; constituyen un acto-reflejo de su conciencia crítica, de su sensible capacidad de reflexión mental, emocional, ideológica, existencial y religiosa; pero sobre todo espiritual, porque sus pinturas son una llama que arde y que no quema, porque está llamada a fundar la iluminación y la reflexión del que mira y siente el misterio íntimo que palpita en su arte.

UNA OBRA MAESTRA

Pocos artistas del Caribe han creado una pieza de tanta trascendencia simbólica como la obra titulada “Fantasma en un albergue de niños”,1989; una verdadera obra maestra en la que a partir de una dramática configuración de grises y azules, la artista transmuta el grito legendario de Edvard Munch y lo materializa como emblema personal en el rostro de una de las niñas hormigas que patentizan la poética exaltada de sus telas.
Hay allí una propuesta en su estructura semántica y léxica que ritualiza su interés por la recuperación de lo sagrado en el arte, tal y como aconteció en las formulaciones del arte primitivo, tanto occidental como en las expresiones estéticas de nuestros aborígenes grabadas como signos pictográficos en numerosas cavernas del Caribe.
Esas niñas, cuyos gestos exaltan sus labios rojos, parecen transitar con “elocuencia dramática” 9 entre el dolor y el placer. El magicismo de sus expresiones habla de los millones de niñas que habitan en el alma solidaria de la artista; las que ella pare en sus telas como parte de un rito mágico religioso tan humano que sentimos vivirlo en cada una de las escenas de sus obras.

La mancha, el accidente, la intervención cromática, la pincelada en forma de bastoncillo o el gesto de la pincelada ancha son solo algunos de los recursos técnicos y estilísticos de los que se apropia la artista para exponer su dominio y aplicación de lo materiológico y la texturología en sus pinturas, como bien lo plantea Jean Dubuffet como observación teórica sobre el proceso de producción de su Art Brut.
De esa consciente aplicación y manipulación textural y factural que hace Girigori, emerge la atmósfera de fuerte sensación emocional y espiritual que percibimos en sus telas, porque le permite desmaterializar toda su energía, darse entera, convertirse en una entidad otra sobre la tela; como interpretando al mismo Jean Dubuffet cuando acertadamente afirmó que “una obra de arte sólo tiene interés, a condición de ser una proyección muy inmediata y directa de lo que ocurre en las profundidades de un ser. 10

Sus pinturas no admiten una lectura que las sitúe como una idea-refleja de la realidad concreta, no son una replicación del referente social y nada más. Son sí, una emanación profunda de las imágenes y sucesos no visibles de esa realidad, de ahí que sus telas sean tántricas, místicas, misteriosas…fuentes portadoras de una energía conductora de paz, no de imágenes inquietantes en capacidad de agredir al espectador, porque son imágenes para el canto, para la reflexión, para la oración silente y por la paz. Son la voz de una palabra integra y solemne en su capacidad de hablar en nombre de la libertad y en nombre de una conciencia crítica para el Caribe.
Y es que como bien nos advierte Pierre Abrahán, “toda expresión humana puede ser abordada, tanto en su aspecto documental como en su contenido emotivo. Lo característico del arte es que ofrece íntimamente amalgamados, el documento y la emoción” 11. Justo dentro de esa afirmación teórica se inscribe el fenómeno místico que define el estatuto estético esencial de las pinturas de Jean Girigori. Sus obras son una reserva-reflejo de su ser, de su alma y de su historia, nada más que razón para sentirlas como partes de cada uno de nuestros cuerpos.
La antropología racional insertada en la ciencia social y el realismo socialista, exigía de la estética un discurso teórico que explicara el arte como parte de las leyes que definen la vida cotidiana y los ejes de producción social; pero la pintura de Jean Girigori no puede ser vista desde ese sociologismo ideológico y dogmático, porque su arte está más próximo al rito de la fecundidad que reclama introspección, revisión de conciencia, perdón, indulgencia y sobre todo paz para que las niñas hormigas no permanezcan con sus sonrisas subterráneas para siempre.

Las imágenes de contenido en su obra están insertadas en la conciencia social y no en la topografía y el pensamiento social. La semántica de su lingüística visual trasciende la historia y la inmediatez del discurso político para asociarse a patrones más nobles, entendiendo que al fin el resultado más tangible es la belleza vigorosa de sus obras, las que como bien planteara Plotino: “tienen su arquetipo dentro del alma hermosa”.

VINCULO RELACIONAL
CON LA PINTURA HAITIANA Y NORTEAMERICANA

Los corrosivos emblemas que sentimos y vemos en sus pinturas como acciones trascendentes y memorables, parten de una ordenación compositiva espacial inscrita en la discursiva más auténtica del expresionismo abstracto norteamericano, básicamente asociado a la alfabética de Willem de Kooning y a la energía como materia formulada por Jackson Pollock. Es la apropiación del ojo en estado salvaje.

Jean Girigori en una sabia asociación de estilos encuentra su propio pensamiento, su propia personalidad en la pintura, valorando los aportes del expresionismo alemán, el expresionismo abstracto norteamericano y la mejor tradición simbólica y ritual del arte haitiano 12, básicamente en lo que se refiere a la pintura de Philomé Obin y Préfète Duffaut, de quienes valora la sensible capacidad de aglutinar almas, plásticamente conceptuada como multitudes de cuerpos alados dotados de una sutil espiritualidad colectiva. Las multitudes en sus telas son partes de su clima y temperamento expresionista, el que ella ha logrado definir como sensaciones no viciadas por la trivialidad y la teatralidad expositiva en su expresión.
Su arte que no es anarquista, ni muy idiomático, está normado por un enérgico vocabulario de arquetipos, mitos, símbolos, signos, criaturas y leyendas de las que no escapan la mirada nostálgica de un pez o el juguete de una niña que jamás conoció el rostro de la primavera.
El ritmo, la energía y la integridad con los que Jean Girigori aborda en el lenguaje de su pintura la caligrafía del color caribeño y la iconografía de la negritud, le dan un carácter de mucha dignidad a su expresión asociada a los modos de observación de la negritud como propuesta ideológica, porque desde los estamentos discursivos de su sintaxis plástica, desintegra la ilusión narrativa para en cambio proponer formulaciones filosóficas antropológicas-conceptuales de un fuerte valor simbólico, directamente vinculadas a la más digna reivindicación de los valores humanísticos más auténticos de la negritud como ideología del pensar más allá de la simple reivindicación étnica.

Esa pintura actual, nada retórica y totalmente asociada a los sucesos más avanzados del pensamiento contemporáneo que norman actualmente los discursos de la pintura internacional, la celebra el Caribe como parte del proceso mental y de creación de Jean Girigori, debido a que su arte propicia en el espectador un clima de solidaridad, sustrayendo sus imágenes de toda fenomenología asociada a la alteridad como estado psicológico del que se niega asimismo para ser el otro. Jean, en cambio, experimenta en su obra una experiencia transmutativa en la relación de su “yo” con su arte.
Ella está enteramente ahí, encendida y en llamas para hablar desde el misterio de su iconografía en nombre de la niñez que fueron sus 1 2 3 4 y 5 años, y en nombre de la mujer como eje semántico en la mayor producción de sus pinturas.
A la manera de los grandes maestros del expresionismo abstracto norteamericano, Jean Girigori cree y apuesta en su obra a una pintura que valore los rasgos severos del primitivismo que hay en la violencia gestual de su expresión como signos en correspondencia con el primitivismo esencial del que nos hablaran Mark Rothko y Adolph Gottieb, como una forma de ser lo suficientemente vitales como para hacer del arte una entidad de acción en el caos de la historia o en el caos de la propia vida. 13
Sobre todo, cuando se mira y se aprehende el gesto puro y la acción de atacar la tela como un acto generador de símbolos eternos, aunque en sus imágenes de sensaciones liquidas y en sus expresiones hieráticas esté escrita, tallada o tatuada la gracia de la ternura…o la dolorosa leyenda crítica, “Jamá Sabactamí”: “Dios mío, Dios mío. ¡Porqué, me has abandonado!”.14 Jean Girigori como reclamante mística, se apropió del estremecimiento de ese grito cristológico y llevó hasta sus telas como acto de petrificación el abandono de millones de niñas y mujeres cuyas almas claman abatidas su dolorosa condena al olvido, reivindicadas en su obra bajo el sello de la aristocracia que otorga el arte como recuperación de la conciencia colectiva.

VÍNCULO CON LAS VANGUARDIAS

Jean Girigori, como parte de un fenómeno vinculante con las propuestas posmodernas y contemporáneas que se apropiaron de una corriente filosófico-estética honesta que postulaba la resistencia y lo contestatario-existencial como discurso de acción creadora, se asoció a estas propuestas en la década de los ochenta, produciendo una serie de puestas en escena sustentadas en una dramática ritualidad cuyo impacto todavía recuerdan hoy con reflexiva sensación los espectadores que fueron testigos de esa fase de su trabajo creador, realizado, tanto en Curazao como en otros países donde la artista ha hecho público el espectro simbólico de su obra; recordando quienes hicieron contacto con su arte de acción de los años ochenta, su memorable performance de 1985, titulado “Esclavitud-no”, en el que bajo dramática expresión expuso con vehemencia teatral y éxtasis ritual su preocupación por la memoria genética esclava que todavía hoy late en el espacio interior más intimo de la raza negra de las Antillas.
Bajo la proclamación de un dramático JAMAS! …NUNCA MAS!.. la artista manifestó su arte exponiendo su cuerpo transfigurado dentro de unos niveles de excelencia escénica tan patéticos y vigorosos que sitúan su exposición dentro la más autentica tradición de los grandes creadores del environment y el happening norteamericano e inglés que se producía para entonces como suceso de ganancia filosófica y existencial en favor de las vanguardias universales.
Ese vínculo de Girigori con los lenguajes y la tradición vanguardista de Joseph Beuys, Gunter Brus, Hermann Nitsch, Paul Thek, Claes Oldenburg, Yves Klein, Jim Dine, Gina Pane o Yayoi Kusama, la artista caribeña no lo articuló dentro de una conducta de arrogancia e hipocresía modista, lo hizo, porque en la visceralidad de su conciencia crítica sintió la necesidad de exponer el peso y la energía de su cuerpo al servicio de su expresión emocional como un lenguaje feroz al servicio de su arte.

Es evidente que como bien sostiene Gombrich, Jean Girigori parecía sentir en su interior la necesidad de dejar traslucir el “espíritu de desmaterialización del arte y del deseo de integrar la creación a la vida” 15. Su relación con los lenguajes del arte vanguardista, posmoderno y contemporáneo fue sincera, muy sincera, producto de una fuerte necesidad de exponer la directa relación de su obra pictórica con ese acontecimiento estético del arte S-XX que como su pintura es un gesto ritualizado que proyecta ante el espectador una carga de expresión auténtica, no limitada en su visualización a un simple acto ritual mimético, sino extendido hasta algo más…un síntoma de su propio ser; evidenciando así su interés por ampliar las fronteras de su obra hacia otros campos sensoriales como expansión de sus extraordinarios aciertos en la creación pictórica.

*Crítico de Arte y Curador. Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, Aica-Unesco. Secretario General de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte y Corresponsal para el Caribe de la revista Arte al Día Internacional.

**Sociólogo, coleccionista y promotor cultural. Pasado Presidente del Patronato Rector del Museo de Arte Moderno de la República Dominicana.

N O T A S

  1. – “Durante más de 30 años, esta consagrada artista curazoleña ha llegado a realizar una vastísima y sugestiva producción pictórica en la que aborda la naturaleza, las esencias, las maravillas del paisaje, la memoria y las circunstancias trágicas que determinan la vida cotidiana de los pueblos del Caribe”. Jean Girigori. El Caribe transfigurado. Amable López Meléndez. Periódico Hoy. Santo Domingo, 2002.
  2. – Documento: “Jean Girigori, a biographical note”. Frank Martinus Arion, Curazao.
  3. – Documento: Citado, Nota 2.
  4. – SCHIELE. Reinhart Steiner. El alma de la Medianoche del Artista. Taschen. GmbH, 2001. Colonia, Alemania. Pag.12.
  5. – “En el año 1972, Jean Girigori instala su taller en Curazao. Entre 1977-79 realiza cuatro exposiciones individuales en Galería Libertas, Centro Pro Arte, y en el Cultureel Centrum Curacao. Desde 1978 hasta 1980, estudia en la Art Students League de New York, bajo la orientación del reconocido artista norteamericano Knox Martin. En ese ultimo año, exhibe su obra en la Art Students League y en Women’s Art Gallery de N.Y. para recibir lecciones de escultura bajo la orientación del profesor y escultor Jose de Creft. Jean Girigori ha vivido en Haití, Estados Unidos, Jamaica, Puerto Rico, Rep. Dominicana y Holanda. La suya podría ser una de las experiencias más intensas y completas que haya vivido una mujer artista de la región del Caribe en las últimas tres décadas”. Amable López Meléndez. Texto citado, Nota 1.
  6. – Ob. citada, Nota 4. Pag. 65.
  7. -Documento: “Su obra es una extensión de su ser”. May Henriques Alvarez Correa. Autora curazoleña, coleccionista y estudiosa de la obra de Jean Girigori.
  8. – Anales del Caribe. “El Rastafarismo en Jamaica. Una nueva aportación de África al Caribe: entre las historias, la política y la religión”. Juan M. Riesgo. Ed. Casa de las Américas. Centro de Estudios del Caribe.1995. Págs. 123-124 y 125. “Para los jamaicanos el uso del geez (un extinto lenguaje litúrgico de Etiopía) tenía un carácter de veneración religioso-secreto, al seguirse fielmente ritos con palabras incomprensibles, lo que daba un sentido aun más misterioso a la liturgia. Esta poderosa iglesia negra, en un legendario imperio, resultaba extraordinariamente atractiva para los afroamericanos. Cuando Marcus Garvey fue deportado de Estados Unidos en 1927, su llegada coincidió con la de unos 20,000 jamaicanos que regresaban después de cumplir sus contratos de trabajo en Cuba y Panamá. Con la depresión, era difícil encontrar perspectivas para una vida mejor. Por ello las predicciones religioso-políticas de Garvey encontraron un terreno abonado. Garvey decía: –La salvación sólo sería posible con la vuelta a Africa, mirad a Africa, un Rey negro será coronado porque la liberación está cerca–. El Ras Tafari fue coronado Emperador en 1930. Además, Garvey decía que la década decisiva sería la de los años sesenta, justo cuando Nigeria, Somalia, y las antiguas colonias francesas, africanas y las británicas del África Oriental, alcanzaran masivamente la independencia. (…) Allí les impresionó además de la solemnidad de la liturgia religiosa, el peinado de algunos etíopes, especialmente de los gallas u oromos, que se entrelazaban los cabellos con hilos y rizos, semejando la melena de un León. Y en algunos casos como el de los jinetes guerreros oromos y amharas, era un tocado hecho con la melena de un León. El León de Judá era el animal que representaba el valor de los etíopes y el poder del Emperador.(…) Afortunadamente, la rama pacifista de los rastas prevaleció gracias a un original músico que dentro del movimiento reggae triunfó mundialmente en la misma década de la independencia y del traslado de Garvey a su tierra natal. Robert Nesta Marley nació el 6 de febrero de 1945 en Santa Anna (ciudad de Garvey), hijo del blanco Normal Marley y de la jamaicana Cedelia, por lo que parecía con el peinado rastafariano un verdadero etíope (…) El rastafarianismo tiene cuatro principios básicos: 1. – Reconocimiento de la divinidad de Jah Rasta, -el espíritu que mora en todos-; 2. – La idea de repatriación para volver al paraíso perdido y recuperar en Africa la verdadera libertad; 3. – La superioridad de la raza negra, como pueblo elegido por Dios, descendiente de Salomón y la Reina de Saba, por lo que recoge la herencia histórica de los hijos de Israel; 4. – La conducta del temor, que es una postura rebelde, frente a la agresión blanca que se extiende también a la de algunos gobernantes negros. En la doctrina básica se combinan aspectos de concientizacion étnica de las tribus africanas, con principios del Antiguo Testamento (como los judíos falashas de Etiopía) y del Nuevo Testamento. Tiene especial consideración con los capítulos Ezequiel 30-1, Timoteo-6 y Apocalipsis 17 y 19. Con ello se pretende demostrar la divinidad de Haile Selassie y que la invasión de Etiopía por Italia estaba prevista y profetizada”.
  9. – Documento: La muy esperada Jean Girigori. Marianne de Tolentino. Sto. Domingo. Rep. Dominicana.
  10. – Escritos sobre arte. Jean Dubuffet. Barral Editores. Barcelona, 1975. Pag. 104.
  11. – Estética y Marxismo. Varios autores. Pierre Abraham. Ed. Martínez Roca, S.A., Barcelona, 1971. Pag. 13.
  12. – Peintres Haïtiens. Gerard Alexis. Editions Circle d’art, Paris, 2000.
  13. – “En 1943, en una emisión radiofónica y en una carta al New York Times (en la cual colaboró Barnett Newman) Mark Rothko y Adolph Gottieb proclamaron su compromiso con los símbolos eternos- su afinidad con el hombre primitivo y su convicción del poder expresivo del mito y su insistencia en la primacía del tema”. Conceptos del Arte Moderno. Nikos Stangos. Ed. Destinos. Singapur, 1994. Pag. 194.
  14. – Ob. citada, nota 13. Pag. 200.
  15. – Gesto Ritualizado y Expresión en el Arte. La Imagen y el Ojo. Nuevos Estudios Sobre Psicología de la Representación Pictórica. E.H. Gombrich. Ed. Debates. S.A., Madrid, 2000. Pag. 63.